
El concepto de libertad en tiempos de San Martín no tenía aún la estructura legal que conocemos hoy. Sin embargo, sus acciones reflejaban la convicción de que ningún orden jurídico podía sostenerse sin la autonomía de quienes lo habitan. En este sentido, el cruce de los Andes, la campaña libertadora en Chile y Perú, y su insistencia en luchar contra cualquier forma de dominación, pueden leerse como una traducción práctica de un principio jurídico universal: el derecho a la autodeterminación.
El derecho moderno reconoce a la libertad como pilar de los sistemas democráticos. La Constitución Nacional argentina, inspirada en corrientes liberales y en las luchas por la independencia, incorpora garantías como la libertad de expresión, de asociación, de culto y de trabajo. Estas disposiciones encuentran eco en los ideales sanmartinianos, que concebían la libertad no solo como emancipación política frente al dominio colonial, sino también como condición de dignidad humana.
Hoy, en un mundo donde los derechos individuales y colectivos son materia de debate constante, el ejemplo de San Martín resulta particularmente actual. El derecho a decidir sobre la propia vida, a elegir representantes, a vivir sin opresión económica ni cultural, son luchas que, con distintos matices, remiten a la misma raíz: la defensa de la libertad como derecho esencial.
Desde el plano jurídico, la conmemoración del Libertador invita a repensar la relación entre libertad y responsabilidad. Porque la libertad no es absoluta, sino que se ejerce dentro de un marco normativo que garantiza la convivencia social. San Martín comprendió esta tensión: la independencia no era sinónimo de anarquía, sino el primer paso hacia la construcción de Estados soberanos, con leyes propias y con instituciones sólidas capaces de resguardar la justicia.
El derecho argentino contemporáneo, nutrido por tratados internacionales de derechos humanos y por la jurisprudencia de tribunales locales, se inscribe en esa tradición. Proteger las libertades no significa ausencia de regulación, sino asegurar que las normas estén orientadas a evitar abusos de poder y a promover la igualdad.
Cada vez que el 17 de agosto vuelve al calendario, no solo se honra a un héroe militar, sino a un visionario que entendió la libertad como motor de la vida social. Recordar a San Martín es también recordar que el derecho, en su forma más pura, debe estar siempre al servicio de la emancipación y la dignidad de las personas.